Pasé por muchos pasillos hasta llegar a la cafetería.
-Vaya, para ser el primer día esto está lleno- dije al ver
que casi no se podía pasar.
Había mucha gente y casi no se veía el final de la sala,
pero pude distinguir que había dos colas, una de ellas la mas larga llevaba a
un buffet libre.
-Mmm, me relamí al ver la comida que había en el menú.
“Menú de hoy.
·Sashimi, Sushi, Ramen, Sopa de Miros, Curri, Onigiri,
Udon. ”
Solo con ver los nombres de los platos se me caía la baba
al imaginármelos, y me relamía por
completo. Esto fue antes de ver la última anotación de la carta.
“Solo con la tarjeta acumula puntos”
-¿Tarjeta? Que tarjeta, a mi no me han dicho nada de eso.
Miré en las maquinas expendedoras, había mucha mas gente,
pero la comida se pagaba en efectivo y era barata, tampoco sería buena. Me
encogí de hombros.
-Que le vamos hacer, no tengo otra opción.
Me dirigí hacia las maquinas expendedoras de la comida y me
puse en la larga cola que había.
Ahora solo tocaba esperar. Habría 10 personas por delante
de mí, parecían pocas, pero la gente se quedaba parada mirando lo que iban a cogerse
para comer. Las tripas comenzaron a sonarme.
-Espero que no tarden mucho, no he comido desde esta
mañana, y con el trajín de las cajas me ha entrado hambre, y seguro que Juvia
me estaría esperando en la habitación.
-Vaya, vaya, vaya, pues si que hay gente en la cola-
escuché una voz que venia tras de mí. Pude reconocerla al instante.
-“Brócoli a la vista” –Dije para mis adentros –Hasta en la
sopa tiene que estar.-dije.
Me hice la despistada, esperando que no se dieran cuenta de
que estaba allí y para que pasaran de mí.
-¿¡Pero quien tenemos aquí!? Si es, la señorita “Entro por
mi madre”
En un momento me desmotivé para todo el día, mira que era
pesada. Parece que lo que había pasado antes de las vacaciones ya se la había
olvidado. Pasé de mirarla y seguí colocada en la fila a esperar mi turno. Pero
al mirar al frente sentí todas las miradas en mí. Me puse muy nerviosa y comenzó a subirme la
temperatura por la timidez. Sin decir
nada, me giré. Vi, que ella estaba en la fila del buffet.
-¿Que pasa Sherry?
-Nada, solo quiero que la gente se entere de que clase de
personas dejan entrar en la academia, ¡gente sin talento!- salí de la fila en
la que me encontraba.
-Que plasta eres, - me encaré a ella, ya era hora de que
afrontara mis problemas.-tú sabes más que nadie que mi madre y yo no nos
hablamos, así que es imposible que yo entrara por los métodos que dices.
-Anda que no, tu madre es una de las mayores productoras de
Japón, perfectamente sin que te dieras cuenta pudo haber amañado las cosas para
que te dejaran entrar.
-¿Estamos tontos? –La dije.- yo te contaba mis problemas antes de que te unieras al
grupo de las mas “ways” Fuimos las mejores amigas y nos contábamos nuestros
problemas, y sabes que a mi madre no le gusta que haga música. Yo creía que tenía
que obedecer a mi madre, pero tú fuiste la que me animó a componer música, a
seguir mi sueño. ¿Es que no lo recuerdas?
-Yo no recuerdo nada de eso.- giró la cara en sentido
contrario al que yo estaba.-me encogí de hombros.
-Bueno, imaginé que seria imposible hacerte entrar en
razón, al menos lo he intentado.
Volví a mi sitio, pero ya estaba ocupado por otras personas
que me miraban fijamente, no sabia como interpretar todas las miradas. Algunas
parecía que iban a matarme, mientras que otras, la minoría, parecía que sentían
lastima de mí. Volví a colocarme en la fila de la que había salido.
-Vaya, vaya, no puedo creer que te creyeras todo lo que te
dije en aquel momento. – Sherry se estaba burlando, y las chicas que estaban a
su alrededor la seguían las burlas.
-¿Qué quieres decir?
-Todo lo que te dije fue para que tu madre no te produjera
ninguna de tus canciones y no llegaras a nada. Desde siempre he querido
superarte, he querido ser mejor que tú. Y la mejor manera que encontré fue rompiendo
la relación que había entre tú y tu madre. Y parece que las cosas me han salido
bien.-Siguió burlándose de mi.
-¿Entonces, todo lo que me diste, de que eras mi amiga, era
mentira?
-por supuesto, siempre te he odiado. –Se acercó a mi,
mientras que las lagrimas comenzaron a caer por mis mejillas.-hay que estar mas
atenta- me tocó el hombro.- Si no lo estas cualquiera puede aprovecharse de ti.
-¡SUELTALA!- se escuchó una voz entre el gran silencio que
había en el comedor.- ¡Suéltala!- me quedé parada intentando reconocer la voz
de aquella persona.
-¿Quién eres tú para ordenarme eso?
-Alguien con el que no te debes meter.
Cuando Sherry se separó de mi pude levantar la cabeza, y vi
a una persona de 1.65 m dirigirse hacia nosotras. Me quedé paralizada en cuanto
le vi. La persona que había aparecido tenía el pelo rubio aunque lo llevaba
tapado por un sombrero podían verse algunos mechones de pelo que le asomaban
por delante de la cara. Tenía los ojos azules y estaba bastante enfadado.
Llevaba un jersey de color marrón claro, y debajo de este una camisa blanca con
una corbata roja. Unos pantalones negros algo anchos para aquella delgada
personita. El estilo de ropa cuadraba con aquella persona. Una vez que estuvo
delante de nosotras se puso delante de mi, protegiéndome.
-¿Quién eres renacuajo?
Solo con aquellas palabras el chico se cabreó más de lo que
estaba. Pude imaginarme que estaría apunto de explotar, pero se lo estaba
guardando.
-Estas avisada, no te acerques mas a esta chica, o tomaré
medidas serias.-Después me cogió del brazo y me llevo hasta la salida del
comedor.
Mire la mano del chico, tenia las uñas pintadas en negro, y
en las muñecas llevaba alguna pulsera de pinchos en plan heavy.
-¡Cuánto tengas lo que hay que tener vuelve y acabaremos la
conversación!-Gritó Sherry desde el comedor.- ¡No puedo creer que te tenga que
proteger un renacuajo como ese!-Siguió gritando dando un espectáculo en el
comedor.
-¡Tsk…!-Dijo el chico que me llevaba del brazo. Pude notar
que me apretó más la mano cuando Sherry lo llamo renacuajo.
Una vez fuera del comedor y del edificio:
-Espera, suéltame, me haces daño.
El chico me soltó cuando salimos fuera del edificio, en la
parte trasera de este.
-¡Por que dejas que te siga pisoteando! Como sigas así
nadie te tomará enserio como compositora. Raisa tienes que entenderlo, ¿cuantas
veces te lo hemos dicho?
Me quedé mirando aquel chico con una sonrisa en la cara y
apunto de echarme a llorar, pero en vez de eso lo que hice fue darle un gran
abrazo. El chico no dijo nada más y me correspondió.
-Te he echado mucho de menos Kaoru.- el chico se separó de
mí con cara de cabreo.- ¿Qué pasa?
-Por que me llamas Kaoru, ¿es que no sabes reconocerme? ¡YO
SOY SYO! ¡KAORU ES MUCHO MAS PEQUEÑO QUE YO!- me gritó el chico señalándose así
mismo.
-A mi no me engañas Kaoru- dije con una sonrisa mientras le
quitaba el sombrero y dejé que parte de su pelo cayera por su rostro.
El chico hinchó los mofletes, cruzó los brazos a la altura
del pecho y miro para otro lado enfurruñado porque le había descubierto.
-Eso no vale Raisa, así no hay quien te engañe.
Sonreí.
-Eres demasiado mono para confundirme de hermano- me agaché
un poco y le di un beso en la mejilla. Se puso tan colorado que puse ver como
le salía humo de las orejas.
-Raisa, cuanto te he echado de menos. – su expresión cambió
por completo y saltó a mi cuerpo, dándome un fuerte abrazo, aferrándose a ellos
con gran fuerza. – ¿Pero como sabias que era yo? Si somos casi iguales.
- Fácil-dije sonriendo- cuando a Syo le llaman renacuajo
suele explotar de la rabia que le da, en cambió tú no lo has hecho.
-Joo, no vale, nos conoces mucho.
-Es normal, nos conocemos de toda la vida, y siempre
pasamos las vacaciones los tres juntos.
-Si, ¿pero a que le interpreto muy bien?
-Si, de eso no hay duda.- dije riéndome y revolviéndole el
pelo.- por cierto ¿Dónde está Syo?
-Está dentro, ¡vamos!- me tiró del brazo y volvió a meterme
dentro del edificio y subió a las habitaciones.
Cuando pasamos por delante de la puerta de mi habitación
escuché que había dos voces distintas.
-Kaoru, espera un momento. –abrí la puerta de la habitación
y vi que además de Juvia había una chica rubia con el pelo que le llegaba un
poco mas de los hombros, un poco ondulado. Estaba encima de la cama que quedaba
libre en medio de las dos camas ya ocupadas por Juvia y por mí.
-¡KAORU!- escuché una voz reconocida para mí.
Miré al pasillo y vi, que Kaoru corría despavorido hacia mi
posición. Se metió en la habitación y se escondió detrás de uno de los
escritorios que había en la habitación. Volví a mirar al pasillo y vi a otra
persona corriendo “con los ojos en llamas” hacia mi.
-Kaoru, ¡devuélveme mi sombrero!- el chico que venia
corriendo se paró delante de la puerta. Era un chico igual a Kaoru, pero este
era mas bajo media 1.61 a primera vista, con el mismo pelo rubio pero las
puntas de degradaban en un color rosa
pálido, uno de los lados del pelo lo llevaba cogido con 4 horquillas, dos de
ellas cruzadas entre sí y las otras dos encima de estas. Hizo caso omiso a las chicas que estaban allí,
las cuales nos habíamos girado hacia el chico que acababa de entrar y estaba
gritando dentro de la habitación.
-Kaoru, no te escondas y dame lo que me has robado.-me di
cuenta de que aun tenia el sombrero que le había quitado a Kaoru, me acerqué al
chico y se lo puse en la cabeza. El chico pareció tranquilizarse. Era unos
centímetros mayor que Kaoru.
Se giró para ver lo que había pasado. Me miró con cara de
sorpresa y yo a el con una sonrisa.
-Ra…Ra…- tartamudeaba.
-Hola Syo, cuanto tiempo.- le saludé.
-¡AAAH! –Al poco tiempo reaccionó, pero se acabó cayendo al
suelo-¡Raisa! ¡Como es que estas aquí!
-Bueno, pues entré en la academia, pero no esperaba que
vosotros también.
-¿Pero que estas haciendo en mi habitación?-señalé a las
chicas que estaban detrás de él, las cuales estaban boquiabiertas por el
barullo que se había generado en poco tiempo. ¡AAH! ¿¡Pero que!?- miró a todos
lados, y supo que no estaba en su habitación.
-La verdad es que eres tú quien está en nuestra habitación.
Syo se levantó del suelo ayudado por mí.
-Vaya, perdonad, es que estaba buscando a mi hermano que me
había robado el sombrero.
-Her… hermano.-dijo Kaoru desde su escondite.
-¡Con que estabas ahí!- señaló a su hermano, -¡Ven aquí te
vas a enterar!- Syo comenzó a correr hacia su hermano. Enseguida Kaoru comenzó
a correr por la habitación hasta que
salió de esta y se perdieron en el pasillo vacío. Suspiré al verles y cerré la
puerta tras de mi.
Miré a las dos chicas que aun no se creían lo que había
pasado.
-¿Nos lo empiezas a explicar?- comenzó Juvia.- ¿Quiénes
eran?
-Perdonad, por los gritos. Son mis primos. El primero que
ha entrado era Kaoru, el otro era Syo.
-¿Son gemelos?- preguntó la chica que estaba allí.
-Si, pero Syo es el mayor de los dos.
-Que monos, gemelitos- Dijo Juvia emocionada.
-Si- dije sonriendo. Miré a la chica nueva –Perdona, no me
he presentado, soy Raisa Masamune.
-Yo soy Akane Ken. – me dijo con una sonrisa de oreja a
oreja.
-¿Ken? ¿De que me sonará ese nombre? – me quedé pensando,
pero no encontraba la fuente de ese pensamiento.
-Es nuestra compañera de habitación. –dijo Juvia desde su
cama.
-¿En serio?-Ella asintió
-Si, parece que hubo un problema con mis notas, pero ya
está todo arreglado.
-Pues genial, otra compañera. – dije contenta.
-Raisa, sabes que… Akane es fan de Noa-yon Hana.
Me asombré ante aquellas palabras.
-¡No puede ser!
-En serio, mira.- Akane sacó un póster de un chico de unos
20 años, con la piel clarita, el pelo negro un poco ondulado y largo que lo
recogía en una coleta baja, los ojos amarillos tirando a naranjas. Llevaba una
camisa blanca desabrochada los tres primeros botones, con el cuello hacia
arriba. Y unos pantalones negros. Tenía un micrófono en la mano.
Miré a los otros dos pósteres que estaban colgados en las
paredes.
-Genial, ya tenemos al grupo entero- Dije con emoción- dije
con locura al ver por fin todas las piezas juntas.
Me senté en mi cama y miré a todas partes. Miré, como
cotilla que era, la ropa de esa chica. Llevaba una falda de tablas vaquera y
unas botas. Con una sudadera violeta. No se parecía mucho al estilo que
escuchábamos Juvia y yo. Pero ninguna de las tres tenías el mismo estilo, eso creo
yo que es lo que nos hizo unirnos. El refrán dice que los contrarios se unen,
por que no nosotras. Este iba a ser el comienzo de una aventura increíble.
-¿¡Pero que!?- Gritó Akane desde su armario. Juvia y yo la
miramos.- ¿Qué pasa?
- ¿¡No me digas que esto es lo que nos tenemos que poner!?-
las dos asentimos. Y Akane se desmoralizó.
-Genial, solo espero que no nos quede tan mal como parece
que nos quedará.
-Jjajajaja, -me reí- eso es imposible.- Nos quedará
horrible.
-Si, es cierto- me lo voy a probar a ver que tal.
Akane salio de la habitación, directa al baño. Mientras,
Juvia y yo nos quedamos en la habitación. Me tiré a la cama y me quedé mirando
el techo.
-Por cierto Raisa ¿no ibas a traer algo de comer?
-Si, pero… Me encontré con el brócoli y volvió a humillarme
delante de todos. Después apareció Kaoru y me sacó de allí y al final no he
cogido nada.
-¿Pero que le pasa a esa chica?
- Solo se siente intimidada, por que tanto tu padre como mi
madre son famosos y eso es lo que ella quiere ser.
-¿De verdad piensas que es eso?
-No, solo lo he dicho para intentar no pensar mas en la
razón por la que me la tiene jurada.
En ese momento llegó Akane con el uniforme puesto.
-Mirad chicas, no me queda tan mal.- me incorporé en la
cama y la miré.
-Te queda como guante al dedo.
-¿Tú crees?
-Si, te queda genial, pega muy bien con tu estilo.
-Gracias chicas. Parece peor de lo que es. Ponéroslos, veréis
como no pasa nada.
-Ya mañana me lo pondré- me tiré otra vez sobre la cama.
-Creo que eso no va a ser posible.
-¿Qué quieres decir?- dijo Juvia extrañada.
-En el pasillo hay un cartel que dice que a las 18.30 hay
una reunión de todos los alumnos en los jardines principales, es como una
fiesta de bienvenida en la que nos dirán las normas de la escuela.
-¿y que hay con eso? No veo la relación.
-Bueno, pues es que dice que tenemos que llevar el
uniforme.
-¿¡QUEEEE!?- salté de la cama al escuchar la noticia.- No
puede ser, pensé que solo era para ir a clase.
-Pues parece ser que no.
Me desmotivé y volví a tirarme sobre la cama.
-Aún tenemos tiempo así que no hay prisa.
Juvia había decidido ir al armario a sacar la ropa que
tendría que ponerse de un momento a otro. Akane seguía en el espejo mirándose.
Y yo me acerqué al escritorio y saqué de los cajones algunas partituras que
había hecho años atrás. Así nos quedamos las tres hasta que se hizo la hora de
ponernos esos horribles uniformes.