24 abr 2013

6/ Los gemelos


Pasé por muchos pasillos hasta llegar a la cafetería.
-Vaya, para ser el primer día esto está lleno- dije al ver que casi no se podía pasar.
Había mucha gente y casi no se veía el final de la sala, pero pude distinguir que había dos colas, una de ellas la mas larga llevaba a un buffet libre.
-Mmm, me relamí al ver la comida que había en el menú.

“Menú de hoy.
·Sashimi, Sushi, Ramen, Sopa de Miros, Curri, Onigiri, Udon. ”

Solo con ver los nombres de los platos se me caía la baba al imaginármelos,  y me relamía por completo. Esto fue antes de ver la última anotación de la carta.
“Solo con la tarjeta acumula puntos”
-¿Tarjeta? Que tarjeta, a mi no me han dicho nada de eso.
Miré en las maquinas expendedoras, había mucha mas gente, pero la comida se pagaba en efectivo y era barata, tampoco sería buena. Me encogí de hombros.
-Que le vamos hacer, no tengo otra opción.
Me dirigí hacia las maquinas expendedoras de la comida y me puse en la larga cola que había.
Ahora solo tocaba esperar. Habría 10 personas por delante de mí, parecían pocas, pero la gente se quedaba parada mirando lo que iban a cogerse para comer. Las tripas comenzaron a sonarme.
-Espero que no tarden mucho, no he comido desde esta mañana, y con el trajín de las cajas me ha entrado hambre, y seguro que Juvia me estaría esperando en la habitación.
-Vaya, vaya, vaya, pues si que hay gente en la cola- escuché una voz que venia tras de mí. Pude reconocerla al instante.
-“Brócoli a la vista” –Dije para mis adentros –Hasta en la sopa tiene que estar.-dije.
Me hice la despistada, esperando que no se dieran cuenta de que estaba allí y para que pasaran de mí.
-¿¡Pero quien tenemos aquí!? Si es, la señorita “Entro por mi madre”
En un momento me desmotivé para todo el día, mira que era pesada. Parece que lo que había pasado antes de las vacaciones ya se la había olvidado. Pasé de mirarla y seguí colocada en la fila a esperar mi turno. Pero al mirar al frente sentí todas las miradas en mí. Me puse  muy nerviosa y comenzó a subirme la temperatura por la timidez.  Sin decir nada, me giré. Vi, que ella estaba en la fila del buffet.
-¿Que pasa Sherry?
-Nada, solo quiero que la gente se entere de que clase de personas dejan entrar en la academia, ¡gente sin talento!- salí de la fila en la que me encontraba.
-Que plasta eres, - me encaré a ella, ya era hora de que afrontara mis problemas.-tú sabes más que nadie que mi madre y yo no nos hablamos, así que es imposible que yo entrara por los métodos que dices.
-Anda que no, tu madre es una de las mayores productoras de Japón, perfectamente sin que te dieras cuenta pudo haber amañado las cosas para que te dejaran entrar.
-¿Estamos tontos? –La dije.- yo te contaba  mis problemas antes de que te unieras al grupo de las mas “ways” Fuimos las mejores amigas y nos contábamos nuestros problemas, y sabes que a mi madre no le gusta que haga música. Yo creía que tenía que obedecer a mi madre, pero tú fuiste la que me animó a componer música, a seguir mi sueño. ¿Es que no lo recuerdas?
-Yo no recuerdo nada de eso.- giró la cara en sentido contrario al que yo estaba.-me encogí de hombros.
-Bueno, imaginé que seria imposible hacerte entrar en razón, al menos lo he intentado.
Volví a mi sitio, pero ya estaba ocupado por otras personas que me miraban fijamente, no sabia como interpretar todas las miradas. Algunas parecía que iban a matarme, mientras que otras, la minoría, parecía que sentían lastima de mí. Volví a colocarme en la fila de la que había salido.
-Vaya, vaya, no puedo creer que te creyeras todo lo que te dije en aquel momento. – Sherry se estaba burlando, y las chicas que estaban a su alrededor la seguían las burlas.
-¿Qué quieres decir?
-Todo lo que te dije fue para que tu madre no te produjera ninguna de tus canciones y no llegaras a nada. Desde siempre he querido superarte, he querido ser mejor que tú. Y la mejor manera que encontré fue rompiendo la relación que había entre tú y tu madre. Y parece que las cosas me han salido bien.-Siguió burlándose de mi.
-¿Entonces, todo lo que me diste, de que eras mi amiga, era mentira?
-por supuesto, siempre te he odiado. –Se acercó a mi, mientras que las lagrimas comenzaron a caer por mis mejillas.-hay que estar mas atenta- me tocó el hombro.- Si no lo estas cualquiera puede aprovecharse de ti.
-¡SUELTALA!- se escuchó una voz entre el gran silencio que había en el comedor.- ¡Suéltala!- me quedé parada intentando reconocer la voz de aquella persona.
-¿Quién eres tú para ordenarme eso?
-Alguien con el que no te debes meter.
Cuando Sherry se separó de mi pude levantar la cabeza, y vi a una persona de 1.65 m dirigirse hacia nosotras. Me quedé paralizada en cuanto le vi. La persona que había aparecido tenía el pelo rubio aunque lo llevaba tapado por un sombrero podían verse algunos mechones de pelo que le asomaban por delante de la cara. Tenía los ojos azules y estaba bastante enfadado. Llevaba un jersey de color marrón claro, y debajo de este una camisa blanca con una corbata roja. Unos pantalones negros algo anchos para aquella delgada personita. El estilo de ropa cuadraba con aquella persona. Una vez que estuvo delante de nosotras se puso delante de mi, protegiéndome.
-¿Quién eres renacuajo?
Solo con aquellas palabras el chico se cabreó más de lo que estaba. Pude imaginarme que estaría apunto de explotar, pero se lo estaba guardando.
-Estas avisada, no te acerques mas a esta chica, o tomaré medidas serias.-Después me cogió del brazo y me llevo hasta la salida del comedor.
Mire la mano del chico, tenia las uñas pintadas en negro, y en las muñecas llevaba alguna pulsera de pinchos en plan heavy.
-¡Cuánto tengas lo que hay que tener vuelve y acabaremos la conversación!-Gritó Sherry desde el comedor.- ¡No puedo creer que te tenga que proteger un renacuajo como ese!-Siguió gritando dando un espectáculo en el comedor.
-¡Tsk…!-Dijo el chico que me llevaba del brazo. Pude notar que me apretó más la mano cuando Sherry lo llamo renacuajo.
Una vez fuera del comedor y del edificio:
-Espera, suéltame, me haces daño.
El chico me soltó cuando salimos fuera del edificio, en la parte trasera de este.
-¡Por que dejas que te siga pisoteando! Como sigas así nadie te tomará enserio como compositora. Raisa tienes que entenderlo, ¿cuantas veces te lo hemos dicho?
Me quedé mirando aquel chico con una sonrisa en la cara y apunto de echarme a llorar, pero en vez de eso lo que hice fue darle un gran abrazo. El chico no dijo nada más y me correspondió.
-Te he echado mucho de menos Kaoru.- el chico se separó de mí con cara de cabreo.- ¿Qué pasa?
-Por que me llamas Kaoru, ¿es que no sabes reconocerme? ¡YO SOY SYO! ¡KAORU ES MUCHO MAS PEQUEÑO QUE YO!- me gritó el chico señalándose así mismo.
-A mi no me engañas Kaoru- dije con una sonrisa mientras le quitaba el sombrero y dejé que parte de su pelo cayera por su rostro.
El chico hinchó los mofletes, cruzó los brazos a la altura del pecho y miro para otro lado enfurruñado porque le había descubierto.
-Eso no vale Raisa, así no hay quien te engañe.
Sonreí.
-Eres demasiado mono para confundirme de hermano- me agaché un poco y le di un beso en la mejilla. Se puso tan colorado que puse ver como le salía humo de las orejas.
-Raisa, cuanto te he echado de menos. – su expresión cambió por completo y saltó a mi cuerpo, dándome un fuerte abrazo, aferrándose a ellos con gran fuerza. – ¿Pero como sabias que era yo? Si somos casi iguales.
- Fácil-dije sonriendo- cuando a Syo le llaman renacuajo suele explotar de la rabia que le da, en cambió tú no lo has hecho.
-Joo, no vale, nos conoces mucho.
-Es normal, nos conocemos de toda la vida, y siempre pasamos las vacaciones los tres juntos.
-Si, ¿pero a que le interpreto muy bien?
-Si, de eso no hay duda.- dije riéndome y revolviéndole el pelo.- por cierto ¿Dónde está Syo?
-Está dentro, ¡vamos!- me tiró del brazo y volvió a meterme dentro del edificio y subió a las habitaciones.

Cuando pasamos por delante de la puerta de mi habitación escuché que había dos voces distintas.
-Kaoru, espera un momento. –abrí la puerta de la habitación y vi que además de Juvia había una chica rubia con el pelo que le llegaba un poco mas de los hombros, un poco ondulado. Estaba encima de la cama que quedaba libre en medio de las dos camas ya ocupadas por Juvia y por mí.
-¡KAORU!- escuché una voz reconocida para mí.
Miré al pasillo y vi, que Kaoru corría despavorido hacia mi posición. Se metió en la habitación y se escondió detrás de uno de los escritorios que había en la habitación. Volví a mirar al pasillo y vi a otra persona corriendo “con los ojos en llamas” hacia mi.
-Kaoru, ¡devuélveme mi sombrero!- el chico que venia corriendo se paró delante de la puerta. Era un chico igual a Kaoru, pero este era mas bajo media 1.61 a primera vista, con el mismo pelo rubio pero las puntas de degradaban  en un color rosa pálido, uno de los lados del pelo lo llevaba cogido con 4 horquillas, dos de ellas cruzadas entre sí y las otras dos encima de estas.  Hizo caso omiso a las chicas que estaban allí, las cuales nos habíamos girado hacia el chico que acababa de entrar y estaba gritando dentro de la habitación.
-Kaoru, no te escondas y dame lo que me has robado.-me di cuenta de que aun tenia el sombrero que le había quitado a Kaoru, me acerqué al chico y se lo puse en la cabeza. El chico pareció tranquilizarse. Era unos centímetros mayor que Kaoru.
Se giró para ver lo que había pasado. Me miró con cara de sorpresa y yo a el con una sonrisa.
-Ra…Ra…- tartamudeaba.
-Hola Syo, cuanto tiempo.- le saludé.
-¡AAAH! –Al poco tiempo reaccionó, pero se acabó cayendo al suelo-¡Raisa! ¡Como es que estas aquí!
-Bueno, pues entré en la academia, pero no esperaba que vosotros también.
-¿Pero que estas haciendo en mi habitación?-señalé a las chicas que estaban detrás de él, las cuales estaban boquiabiertas por el barullo que se había generado en poco tiempo. ¡AAH! ¿¡Pero que!?- miró a todos lados, y supo que no estaba en su habitación.
-La verdad es que eres tú quien está en nuestra habitación.
Syo se levantó del suelo ayudado por mí.
-Vaya, perdonad, es que estaba buscando a mi hermano que me había robado el sombrero.
-Her… hermano.-dijo Kaoru desde su escondite.
-¡Con que estabas ahí!- señaló a su hermano, -¡Ven aquí te vas a enterar!- Syo comenzó a correr hacia su hermano. Enseguida Kaoru comenzó a correr por la habitación  hasta que salió de esta y se perdieron en el pasillo vacío. Suspiré al verles y cerré la puerta tras de mi.
Miré a las dos chicas que aun no se creían lo que había pasado.
-¿Nos lo empiezas a explicar?- comenzó Juvia.- ¿Quiénes eran?
-Perdonad, por los gritos. Son mis primos. El primero que ha entrado era Kaoru, el otro era Syo.
-¿Son gemelos?- preguntó la chica que estaba allí.
-Si, pero Syo es el mayor de los dos.
-Que monos, gemelitos- Dijo Juvia emocionada.
-Si- dije sonriendo. Miré a la chica nueva –Perdona, no me he presentado, soy Raisa Masamune.
-Yo soy Akane Ken. – me dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Ken? ¿De que me sonará ese nombre? – me quedé pensando, pero no encontraba la fuente de ese pensamiento.
-Es nuestra compañera de habitación. –dijo Juvia desde su cama.
-¿En serio?-Ella asintió
-Si, parece que hubo un problema con mis notas, pero ya está todo arreglado.
-Pues genial, otra compañera. – dije contenta.
-Raisa, sabes que… Akane es fan de Noa-yon Hana.
Me asombré ante aquellas palabras.
-¡No puede ser!
-En serio, mira.- Akane sacó un póster de un chico de unos 20 años, con la piel clarita, el pelo negro un poco ondulado y largo que lo recogía en una coleta baja, los ojos amarillos tirando a naranjas. Llevaba una camisa blanca desabrochada los tres primeros botones, con el cuello hacia arriba. Y unos pantalones negros. Tenía un micrófono en la mano.
Miré a los otros dos pósteres que estaban colgados en las paredes.
-Genial, ya tenemos al grupo entero- Dije con emoción- dije con locura al ver por fin todas las piezas juntas.
Me senté en mi cama y miré a todas partes. Miré, como cotilla que era, la ropa de esa chica. Llevaba una falda de tablas vaquera y unas botas. Con una sudadera violeta. No se parecía mucho al estilo que escuchábamos Juvia y yo. Pero ninguna de las tres tenías el mismo estilo, eso creo yo que es lo que nos hizo unirnos. El refrán dice que los contrarios se unen, por que no nosotras. Este iba a ser el comienzo de una aventura increíble.
-¿¡Pero que!?- Gritó Akane desde su armario. Juvia y yo la miramos.- ¿Qué pasa?
- ¿¡No me digas que esto es lo que nos tenemos que poner!?- las dos asentimos. Y Akane se desmoralizó.
-Genial, solo espero que no nos quede tan mal como parece que nos quedará.
-Jjajajaja, -me reí- eso es imposible.- Nos quedará horrible.
-Si, es cierto- me lo voy a probar a ver que tal.
Akane salio de la habitación, directa al baño. Mientras, Juvia y yo nos quedamos en la habitación. Me tiré a la cama y me quedé mirando el techo.
-Por cierto Raisa ¿no ibas a traer algo de comer?
-Si, pero… Me encontré con el brócoli y volvió a humillarme delante de todos. Después apareció Kaoru y me sacó de allí y al final no he cogido nada.
-¿Pero que le pasa a esa chica?
- Solo se siente intimidada, por que tanto tu padre como mi madre son famosos y eso es lo que ella quiere ser.
-¿De verdad piensas que es eso?
-No, solo lo he dicho para intentar no pensar mas en la razón por la que me la tiene jurada.
En ese momento llegó Akane con el uniforme puesto.
-Mirad chicas, no me queda tan mal.- me incorporé en la cama y la miré.
-Te queda como guante al dedo.
-¿Tú crees?
-Si, te queda genial, pega muy bien con tu estilo.
-Gracias chicas. Parece peor de lo que es. Ponéroslos, veréis como no pasa nada.
-Ya mañana me lo pondré- me tiré otra vez sobre la cama.
-Creo que eso no va a ser posible.
-¿Qué quieres decir?- dijo Juvia extrañada.
-En el pasillo hay un cartel que dice que a las 18.30 hay una reunión de todos los alumnos en los jardines principales, es como una fiesta de bienvenida en la que nos dirán las normas de la escuela.
-¿y que hay con eso? No veo la relación.
-Bueno, pues es que dice que tenemos que llevar el uniforme.
-¿¡QUEEEE!?- salté de la cama al escuchar la noticia.- No puede ser, pensé que solo era para ir a clase.
-Pues parece ser que no.
Me desmotivé y volví a tirarme sobre la cama.
-Aún tenemos tiempo así que no hay prisa.
Juvia había decidido ir al armario a sacar la ropa que tendría que ponerse de un momento a otro. Akane seguía en el espejo mirándose. Y yo me acerqué al escritorio y saqué de los cajones algunas partituras que había hecho años atrás. Así nos quedamos las tres hasta que se hizo la hora de ponernos esos horribles uniformes.