Pasé las vacaciones de navidad en casa de mis abuelos, ya
que mi madre tenia que trabajar y ellos no querían que me quedara sola en casa
todos los días de las vacaciones. Por lo que me invitaron a pasarlas en su
casa, además me dijeron que mis primos y mis tíos iban a ir también, por lo que
no me aburriría. Tenia bastantes primos unos 10, pero congeniar, solo lo hacia
con dos de ellos, ya que los demás eran mas pequeños que yo. Pero al final
aquellos con los que me llevaba bien no fueron, por lo que me aburrí bastante,
me pasaba las tardes con la guitarra, componiendo y escuchando música. Aun así
se me hicieron cortas. Ya tenía ganas de ir a la Academia , tenía ganas de
saber como era aquello y la cantidad de cosas que me esperaban. Así que el 6 de
Enero volví a casa y empecé a empaquetar las cosas que me faltaban para
llevármelas a la academia, para que no me faltara de nada. La noche del 6 casi
no pude pegar ojo, estaba demasiado nerviosa, dormí aproximadamente 4 horas,
pero aun así al levantarme no tenía sueño. Me levanté desayuné, me vestí y
después de hacer la cama y coger mi maleta y lo que pudiera llevar conmigo,
salí de casa. Con la música en mi mente, me encaminé hacia la academia. Iba a
buen paso, pues no necesitaba llegar a una hora concreta, pero quería saber de
una vez la habitación y el compañero que iba a tener.
Llegué a la academia, allí pude ver a los familiares de los
alumnos, los estaban ayudando con sus bolsas y maletas. Cuando entré, vi esos
hermosos jardines llenos de flores.
- Un día de estos me echaré una siesta en la hierba.- me dije mientras caminaba
hacia el edificio.
Continué andando poco a poco, y con mis maletas en las
manos y una mochila a la espalda, y llegué hasta el edificio. Entré en él, la
gente estaba como loca, querían instalarse de una vez en sus habitaciones. Me
fui a uno de los lados, en donde se encontraban las taquillas, en los que no
había nadie y cuando llegué todas las miradas se clavaron en mí. Dejé las
maletas en el suelo y me apoyé en la pared. Entre todas las miradas, las cuales
me ignoraron en menos de un segundo, pude ver las de Sherry y su grupito de
amigas las cuales me miraban y murmuraban, seguramente sobre mí. Pasé la mirada
por toda la gente que allí se encontraba y vi algo, no supe lo que era, vi, un
reflejo rubio, se que era una persona, y
lo curioso es que me sonaba, pero no pude verle bien. Aún apoyada en la pared me incliné un poco
hacia delante pero aun no lo veía. Me separé de la pared di unos pasos para
poder verle, pero no recordé que había dejado la maleta delante de mi, por lo
que al dar otro paso, para ver bien a esa persona, me tropecé con ella y me caí
al suelo de boca.
- ¡Ay, ay, ay! Que daño-Pude parar la caída con las manos,
pero aún así me hice daño en las manos, y en el estómago por que caí sobre la
maleta.
Desde el suelo pude escuchar como los que estaban allí se
reían mientras yo estaba en el suelo. Hice fuerzas con los brazos para
levantarme.
-¿Necesitas ayuda?- escuché una voz, y vi una mano inocente
tendida ante mí
Levanté la mirada y vi a una chica de pelo azul cian con su
enorme sonrisa.
-¡Juvia!- dije animada
-Hola Raisa, cuanto tiempo- la cogí la mano y me ayudó a
levantarme.
-Si, mucho tiempo- dije una vez levantada.
Me limpié un poco la suciedad de los pantalones y levanté
la maleta. Las risas habían cesado una vez que apareció Juvia.
-Parece que tenias razón, Sherry no es una amiga- miré a
Juvia y vi que estaba mirando a Sherry descaradamente.
Sherry mientras tanto seguía riéndose con sus amigas y
señalándome de vez en cuando para hacer hincapié en mí, y que supieran, si es
que no lo sabían ya, que era de mí de quien se reían.
-Si, es mejor no estar en su camino. –suspiré y me giré
poco a poco para estar frente a Juvia. Pero me la encontré inclinada hacia mi,
con los brazos en jarras y mirándome fijamente a los ojos. Tuve que echarme
hacia atrás para que no me comiera.
-¿Qué, que pasa?- dije un poco asustada por la mirada que
me estaba echando.
-Ahora que me fijo, ¿llevas lentillas?
-¿Que?
-Tus ojos, no son naturales ¿verdad?, ¿son lentillas?
-Eh…no, no llevo, son naturales.
-¿Enserio?-dijo bastante sorprendida, cosa que no me sorprendió.-
pero son rojos.
-Si, ya lo se, pero son míos en serio- la insistí.
Ella se incorporó hasta estar totalmente erguida.
-No te acerques mucho a ella- una voz conocida apareció.
Las dos miramos hacia la izquierda, al lado contrario en el
que estaban las taquillas. Sherry, con
su grupo de amigas, había aparecido en escena.
-La que faltaba-dijo Juvia en voz baja, solo la pude
escuchar yo.- ¿Qué quieres?
-Solo ayudarte, decirte que todos los que se han acercado a
ella han salido por patas, y solo, cuando ellos vieron sus ojos.
-¿Por sus ojos, o por quien es?
-Jeje- Sherry se rió muy bajo-por los ojos, por que va ha
ser, esos ojos teñidos en sangre, parecen los ojos de un vampiro. Pero a que no
sabes por que.
-sorpréndeme.- dijo Juvia con una sonrisilla
-Dicen que hay una secta en la que todo el que entra debe inyectarse
sangre en los ojos si quieren tener la vida eterna. Y ella es la hija de los
jefes, ellos inyectan la sangre y ella los mete en la secta
Agaché la cabeza. No era la primera vez que Sherry se metía
conmigo y no era la primera vez que lo hacia de esta manera. Siempre que
empezaba ha hablar con alguien y congeniaba con él, ella siempre les decía lo
de los vampiros, y les contaba la misma
historia.
- ¿Enserio?- ella me miró- vaya, es la primera vez que
escucho algo como eso.-la miré triste.
-Estas avisada, es mejor que te alejes de ella y vengas con
nosotras, así no te pasará nada.
-Sabes una cosa, creo que me apuntaré a esa secta, - me
dijo sonriente- si me aceptas claro, pero no me teñiré los ojos. –sonreí.
-Claro, estas dentro.- dije sonriente.
-¿Pero que dices, sabes a lo que te expones?
-Claro que si. – Ella volvió la mirada hacia Sherry y sus
amigas- y en cuanto a ti, cacho de brócoli. No te vuelvas ha acercar a nosotras,
estas avisada.- Juvia decía las cosas en serio por lo que parecía.
-¿Brócoli? ¿A quien llamas brócoli?-Dijo Sherry molesta
- Es evidente, con ese pelo tan verde, y el vestido del
mismo color…-Juvia se quedó pensativa- espera te falta un pequeño toque- se
acercó a ella decidida y la alborotó el pelo, dejándolo encrespado y enredado.-
Ahora si que eres un brócoli.
-¿¡QUE ME HAS HECHO IDIOTA!?- Sherry salió corriendo, con
las manos en la cabeza intentando colocarse el pelo, seguida de sus amigas,
todas corrieron hasta el baño.
-Jeje- Juvia se reía, yo mientras la miraba con cierta
admiración. – se lo tiene merecido.
-¿Sabes lo que has hecho? Acabas de firmar tu sentencia.
-Es igual.-me miró- No podía seguir observando, sin hacer
nada, como se metía contigo. Además, creo que así me lo pasaré bien.
-Eres mala, pero en el buen sentido.-sonreí- Gracias
-Jeje, no tienes que darlas, para eso están las amigas ¿no?
-Si. Por cierto, ¿brócoli?
-Es lo único que se me ha ocurrido
-Me gusta. Pero… ¿Cómo es que te has enfrentado a ella? El
día ese, no fuiste capaz de pronunciar una sola palabra.
-Digamos que he tenido unas vacaciones interesantes.- me la
quedé mirando, me encogí de hombros y no dije nada mas.
En ese mismo momento entró una mujer alta con un vestido
amarillo y con un poco de barriguita, era la profesora Ultear.
-Bien, vamos a dar paso a la colocación de habitaciones. En
primer lugar diré el nombre de los dos compañeros de habitación, y a
continuación el número de esta. -Empecemos. – Ultear sacó una carpeta y comenzó
a leerla.- Yuuki Hiro y Riza Hatber, habitación 321.
Las dos chicas que nombraron se marcharon de la habitación por
uno de los pasillos que había al final de esta. Ultear siguió leyendo la lista,
adjudicando cada habitación a los alumnos que les correspondía. Cada vez a
habitación en la que nos encontrábamos se iba quedando mas vacía.
-Juvia Garuko y Raisa Masamune, habitación 659- dijo la
profesora.
-¿Ju-Juntas? ¿Estamos juntas?
-Claro venga, marchaos- dijo Ultear con tono jovial
animándonos a irnos a la habitación.
Rápidamente cogimos nuestras cosas y nos marchamos de allí
a todo correr por el pasillo por el que antes se habían ido los demás alumnos.
Llegamos a los pasillos de las habitaciones y buscamos la nuestra. Era una de
las últimas, casi en la esquina del pasillo. Allegar a la habitación, la
abrimos entre las dos. Nos quedamos en el pasillo, las dos mirando a la
habitación, no teníamos palabras para describir aquello, solo un…
-¡Guau!-dijimos mas dos a la vez.
-¿Esto…Esto es para nosotras?