Por fin la oportunidad de mi vida se presentaba ante mí. Ir
a la prestigiosa academia de artes musicales Saotome. Según escuché, de ella
salieron los mejores ídolos y compositores más famosos del mundo de la música.
Ese era mi sueño, convertirme en una de las mejores compositoras del mundo y
componer las canciones de mis ídolos. Había estado practicando, ensayando con
la guitarra, el piano, y escribiendo alguna que otra canción. Pero todo eso no
me había servido de nada, para entrar en la academia era necesario pasar un
examen de acceso. Mi mundo giraba entorno a la música. Cuando era pequeña solía
estar siempre sola, por que mi madre siempre trabajaba y mi padre nos había
dejado, por lo que siempre me había refugiado en la música. Ella era la única
que me hacia salir de mis pensamientos, la única que me hacia ser quien era, la
única que me comprendía en los peores momentos, que por desgracia eran
bastantes. Harta ya de las continuas salidas de mi madre, y de que viniera ya
una vez que la luna estaba en lo mas alto del cielo, decidí presentarme al
examen. La academia Saotome era un internado, por lo que si me cogían podría
vivir en ese lugar, si no, tendría que volver a casa, ya que no tenia otro
sitio al que ir. Y seguramente mi madre, al ver que no me habían cogido me llevaría
a otro internado. Era diciembre, las vacaciones de navidad estaban a la vuelta
de la esquina. Pero no había tiempo para nada, y menos para pensar en
vacaciones, tenia que estudiar. El examen de acceso a la academia no era
sencillo que se dijera. No mucha gente, por no decir ninguna, consigue pasarlo.
El día anterior al examen estaba tan nerviosa que no podía dormir. Me levantaba
una y otra vez, caminaba por la habitación, miraba la ropa que estaba encima de
la silla, la cual tenía preparada para ponerme al día siguiente. Miraba la
guitarra, los papeles que había sobre la mesa, los pósters que había en las
paredes con todas aquellas personas que yo admiraba. Las admiraba por la su música,
sus canciones, su estilo, sus voces… por que habían conseguido llegar a ser lo
que ellos deseaban, los admiraba por todo eso y mas. Al final, volví a tumbarme
en la cama y me quedé dormida hasta el día siguiente. Por fin era el día del
examen. Me vestí tranquilamente con una sonrisa en el rostro y sin nervios.
Entré en la cocina para desayunar y al ir a coger una taza, los nervios pudieron
conmigo y se me cayó…En ese momento, me desperté sobresaltada. El despertador
estaba sonando, con su horrible sonido. Miré la hora y vi que ya era casi la
hora del examen.
-¡Mierda! Me he quedado dormida.- me levanté rápidamente de
la cama dejando el despertador en el suelo.
Cogí la ropa y rápidamente me lavé un poco y me vestí con
la ropa que había dejado. Una camiseta de tirantes anchos lisa de color rosa, y
un chaleco negro encima de esta. A modo de mangas, pero sin ser mangas, me
abroché dos telas, cada una en un brazo, por debajo del hombro. Ambas mangas
eran rosas, como la camiseta con decorados en negro. Medias a rayas negras y
rosas y pantalones cortos. Botas hasta la rodilla. Y como decorativo una
gargantilla. Me arreglé el pelo lo mejor que pude, ya que tenia bastante prisa,
me recogí un poco el pelo, dejando bastante de el suelto y me hice una trenza,
me arreglé un poco el flequillo y salí del baño escopetada. Cogí la mochica el
abrigo, la gorra de tela negra, que me la puse antes de salir para que no se me
congelaran las orejas y salí corriendo de casa. Miré la hora, era tarde, no
sabia si iba a llegar a tiempo ya que por lo menos se tardaban unos 15 minutos
de carrera desde mi casa hasta la academia.
Mientras corría no tenia mucho tiempo de ver lo que pasaba
a mí alrededor, aun así podría ver como los niños ya estaban de vacaciones y se
divertían en la calle con sus amigos. Pero yo no paraba de seguir corriendo.
Salí de la ciudad, corriendo como todo el camino, con la mochila acuestas. Todo
el camino estaba rodeado de árboles, pero poco a poco estos árboles iban a
menos. Lo que había en uno de mis lados,
no eran árboles, si no un muro de piedra de varios metros de alto, que no
dejaba visión a lo que había dentro. Por
delante de mi podía ver como la gente llegaba sin cesar. Me resultaba extraño
que no hubieran cerrado las puertas. Volví a mirar el reloj, y por la hora que ponía
solo quedaban 10 minutos para la prueba. Llegué al portón y me paré a su lado
para recobrar el aliento. Me apoyé en la pared, respiraba con dificultad debido
a la carrera que me acababa de dar y a que el aire frío del exterior estaba
entrando en mis pulmones. Cuando puede respirar tranquila me incorporé y entré
al edificio bastante nerviosa.
Aquel lugar era enorme. El edificio que había delante de mi
parecía un castillo, tenia varias ventanas, y una puerta lo bastante grande
para que entrara un caballo. Pero delante
del enorme edificio había un enorme jardín con lo que parecían ser cuatro
pequeños laberintos, dos a cada lado. Después de admirar aquel lugar me
encaminé hacia el edificio. Cada vez que andaba el edificio se iba haciendo más
grande, parecía de verdad un castillo. Por dentro debía de ser enorme y
majestuoso. Ansiosa por verlo con mis propios ojos, entré con una pequeña
carrerita y cuando estuve dentro de él me quedé sin palabras. Por dentro era más
grande de lo que me había imaginado, el techo más alto de lo que me esperaba,
aunque en realidad no me esperaba nada de lo que estaba viendo con mis ojos. A
ambos lados de la sala había pequeñas taquillas en las cuales las personas que
entraban dejaban sus pertenencias, ya que eran las normas para hacer el examen,
no se podían llevar pertenencias, ni siquiera el abrigo, aunque no hacia falta,
en aquel lugar hacia bastante calor. Caminé hacia un hueco que había en uno de
los lados donde se encontraban las taquillas, abrí una de ellas que aun tenia
la llave. Era grande, por lo que me cabían la mochila y el abrigo sin
problemas. Me quité la mochila y la metí en la taquilla después de coger el
monedero y de metérmelo en el bolsillo del pantalón.
-me alegra haberme puesto esto- me dije en voz baja a mi
misma mientras me quitaba el abrigo refiriéndome a la ropa. Metí el abrigo y
cerré la taquilla sin problemas, eché la llave y me la guardé en el bolsillo
recordando el número para ir directamente a ella.
Me giré y vi que la gente seguía llegado aun cuando la hora
del examen estaba tan próxima. Escuché entonces las campanadas. Dieron tres en concreto.
-¿tres? Deberían ser las cuatro-miré el reloj de mi muñeca,
y al darme cuenta…- ¡no puede ser!- moví la muñeca varias veces para
cerciorarme de que era verdad lo que pasaba, incluso me llevé la muñeca a la
oreja para escuchar el tic TAC del reloj, pero…-se me a parado el reloj. ¿Pero
como es que he llegado tan pronto si he salido con prisas de casa? - miré la
fecha que ponía en un tablón de anuncios. - ¡No puede ser…!- en el tablón ponía
la fecha de hoy. – no puede ser… por que me ocurre siempre a mi…hoy, la hora se
cambiaba. Y al yo cambiarla ayer para no llegar tarde, se ha retrasado dos
horas.- entré con la cabeza agachada. Solía ser muy despistada, pero no imaginé
que me pasaría algo como esto, me había dado la carrera para nada, pero bueno
al menos así estoy a salvo de que no me dejen fuera.
Me senté en una de las sillas que aun quedaban vacías.
Después de unos minutos de intentar, sin éxito, que el reloj volviera a su hora
y siguiera avanzando, levanté la mirada y la moví por todos los rincones de la
sala. Era una sala bastante amplia, podrían caber al menos mil personas. Y los
sitios eran individuales. En la pizarra estaba escrita la palabra “Examen” y
por las ventanas entraba la luz natural que el sol nos permitía por lo que no
era necesario encender las luces para nada. Seguí recorriendo cada rincón de la
habitación, viendo las cosas de música que había en aquella sala. Notaba
ligeras miradas en mi cogote, me giré lentamente como si fuera a ver el resto
de la sala pero en vez de eso lo que hice fue mirar a las personas, que
efectivamente estaban hablando de mí. Tenía la habilidad de leer los labios,
por lo que pude saber que se estaban refiriendo a la chica de las medias de
payaso y el gorro en la cabeza. No era la primera vez que me decían algo como
eso, por lo que supe perfectamente que estaban hablando de mí. No les di
importancia. Y me giré para darles la espalda que siguieran con sus cotilleos.
Al pasar la vista por la puerta, un reflejo azul pasó por
mis ojos. No supe lo que era, cerré los ojos por si algo se me había metido en
los ojos y me había nublado la vista. Al volver a abrirlos vi pasar a una
persona por la puerta. Era una chica alta, en este caso si, ya que yo estaba
sentada, pero debía ser de mi altura mas o menos. El reflejo azul que había
visto era su pelo, era completamente azul, de un color cian, como el cielo en
un día despejado y un mechón de color negro junto con el resto del pelo, lo que
hacia que resaltaran sus rasgos. Lo llevaba recogido en una coleta alta
dejándose caer el flequillo que tenia. La chica miró el aula buscando un sitio
en el que ponerse. Cuando se hubo decidido se fue directamente a él. Por alguna
extraña razón no podía dejar de observarla. Tenía la piel blanquita, y los ojos
azules como su pelo. Caminaba decidida y sin mostrar nervios algunos. Cuando
ella comenzó a caminar por la clase observé que las gentes que allí habían
dejado de hablar de mi y ahora se dirigían a la chica. Observé detenidamente a
los chicos más cercanos que tenía para saber de que hablaban y por que la
estaban mirando, y pude escuchar un poco de su conversación.
- pero que clase de ropas son esas, parece que va a un
concierto o ha quedado con sus amigos.- dijo una de las chicas del grupo mas
cercano.
-y que lo digas. ¿Es que no sabe que ha este lugar hay que
venir bien arreglados?
Tras escuchar esas palabras, me giré lentamente hasta poder
ver la ropa de aquellos que estaban hablando. Todos parecían clones unos de
otros. Llevaban ropa muy fina. Como unos pantalones largos, tacones, camisas,
jerseys. Para mi gusto demasiado pijos. Giré la vista hacia la chica que
acababa de sentarse a unos pupitres por delante de mí. Pude ver que llevaba una
camiseta de color azul de tirantes, pero parecía que la habían modificado,
nunca había encontrado camisetas como la de esa chica. Era de tirantes, pero a
la vez de manga corta, hasta donde alcanzaba mi vista tenia un pequeño corte
entre donde empieza la manga y hasta el dobladillo de esta, el recorte tenia
forma de circulo, lo que hacia que la quedara el hombro al descubierto. No podía
ver la muy bien, pero por lo que vi, llevaba pantalones largos negros, un poco
de pitillo y con una cremallera de adorno en una de las piernas. Y por encima
de los pantalones unas botas militares que no llegaban a la mitad de la pierna.
“esta chica me empieza a caer bien, tiene estilo, y no como estos clones que
tenemos” pensé.
Miré el reloj que había en la pared para saber que hora
era, y se había pasado mas deprisa de lo que parecía. Entonces, noté como algo
empezaba a moverse. Miré hacia atrás. El gorro se me quitó por completo,
dejando suelta la melena que había mantenido oculta. Los mechones de color
rosa, bastante cantoso, para los colores que había en aquella sala, cayeron por
delante de mi hombro dejando ver parte del pelo que quedaba junto al hombro de
color negro, y la parte que estaba por fuera de color rosa. Al darme la vuelta
vi a una chica de larga melena verde, recogida en dos coletas bajas, las cuales
al dejarse caer por sus hombros hacían tirabuzones hacia dentro. Vestía con un
vestido del mismo color un poco más claro, tirando a pistacho. Se había
inclinado un poco hacia mi.
- Hola Raisa, cuanto tiempo sin verte.- me dicho sonriendo
como siempre lo había hecho, con tono burlón
-Hola Sherry, ¿que haces aquí?- la dije mientras la cogía
el gorro y lo dejaba encima del pupitre.
-¿A ti que te parece? Estoy aquí para ser la mejor cantante
que haya pasado por la academia. ¿Y tú? ¿Que haces aquí? ¿Tu mamá, te ha vuelto
a enchufar como en la escuela media?
Eso era lo que menos me gustaba oír, y ella misma sabia que
me ponía de los nervios, lo hacia solo por enfadarme.
-Sherry, sabes que eso no es así.
-¿Qué no?- dijo mientras se pasaba el pelo hacia atrás-
quieres que apostemos a ver a cuantos les sorprende que estés aquí, seguro que
todos conocen a tu madre, al fin y al cabo tiene contactos en todos los lugares
¿no?- la miré con odio.- ¿entonces que? ¿Quieres que apostemos? Seguro que
enguanto se enteren de quien eres no dejaran que hagas el examen.- se preparó
para gritárselo a las personas que había allí.
-Siéntense y guarden silencio, el examen va ha comenzar de
inmediato.- justo entró uno de los examinadores. Sherry se giró hacia mí, apoyó
su cuerpo en una mano que apoyó a su vez en la mesa en la que estaba.
-Has tenido suerte, pero recuerda, la suerte siempre está
de mi parte, y lo sabes.- se marchó hacia su pupitre mientras que yo miraba
cabreada al examinador que ya empezaba a repartir el examen. Ahora no había
tiempo para concentrarse en esa maldita, tenia que hacer el examen para entrar
en la academia.
Contesté a todas las preguntas y entregué el examen una de
la ultimas, quería que quedara lo mejor posible y que la letra se entendiera.
Al entregarlo, salí del aula lo mas en silencio que pude para no distraer a los
que estaban dentro. Fuera, en la sala donde estaban las taquillas uno de los
examinadores, imaginaba, estaba colgando un papel en el tablón de anuncios. Me
acerqué una vez que este se alejó por uno de los pasillos que había. El papel tenía
escrito la hora y el día en el que estarían colgadas las personas que habían
sido aceptadas.
-Parece que tengo que esperar una semana. Bueno, me la
pasaré componiendo- dije mientras me dirigía hacia las taquillas e introducía
la llave en la que estaban mis cosas, me puse el abrigo, el gorro y cogí la
mochila. Y salí de aquel lugar de vuelta a mi casa.
Al llegar a casa, otra vez la misma historia, mi madre
trabajando como siempre hasta las tantas de la noche, y yo sola en casa con la
guitarra o el piano componiendo o tocando alguna canción. Ya a las tres de la
mañana escuché las llaves, mi madre había vuelto a casa, y ella sabiendo que yo
estaría en mi habitación como de costumbre, pasó de largo y se encerró en su
habitación. En pocos minutos la escuché roncar, por lo que supe que estaba
profundamente dormida, así que ya no podía tocar la guitarra para que no se
despertara. Me coloqué los cascos en las orejas y me pude a escuchar música de
mis ídolos, y así es como me quedé dormida hasta el día siguiente.