La habitación parecía que estaba partida en tres, pero era
total mente simétrica, pero el suelo y las pareces eran el mismo color, marrón
y negro. Uno de los lados de la habitación se podría decir que tenía un estilo más
moderno, más roquero. Tenía las paredes escritas, como si alguien hubiere
escrito en ellas con un bolígrafo blanco sobre un lienzo negro. Tenía la cama al
lado de la pared, y pegada a la esquina, sobre la cama había dos cojines en
forma de rulo de color azul, y encima de ellos dos cojines con forma cuadrada
de color blanco, estos colores resaltaban sobre la colcha, que tenia los
colores negro y azul, los cuales me di cuenta que pegaban muy bien con el estilo
de Juvia, el cabecero de la cama de Juvia tenia dos guitarras azules cruzadas.
Sobre la cama y haciendo esquina, la cual llenaba toda la habitación, de una
punta a otra, había una pequeña estantería vacía, que estoy segura que se
llenaría en seguida con las cosas de Juvia y las mías. A los pies de la cama un
arcón de madera, seguramente vacio para guardar cosas. Juvia no pudo resistir
la tentación y corrió y se tiró en la cama. Al otro lado de a cama había un
espejo con pequeñas notas musicales y guitarras pintadas en él.
-Esta es mía- dijo cuando se hubo tirado y agarrado uno de
los cojines para hacerme saber que nada se la podría quitar.
-jeje, esa parte te viene al pelo, es igual que tu jeje.
Miré la otra parte de la habitación, en el lado contrario,
tenía un estilo más clásico, más gótico. La distribución de esta era igual que
la parte de Juvia, solo cambiaba el estilo de los muebles. Esta vez las pareces
negras tenían detalles en rosa, tenían flores también con algunos toques en
blanco. La colcha de la cama era blanca con una tela en negro situada a los
pies que caía por el extremo de la cama, la alfombra era de color blanco
solamente, pero quedaba bastante bien. El cabecero de mi cama tenia una forma
extraña con varios agujeros en ella, y hojas que salían de lo que parecían ser
tallos, y al final de estos, dos rosas blancas A los pies de la cama, y al
igual que en la parte de Juvia había un arcón de madera. Entré en la habitación
y cerré la puerta tras de mí. Observé por completo la parte de la habitación
que me quedaba. Poco a poco fui acercándome a la cama y me senté sobre ella dejando
la maleta al lado.
-Yo me quedo con esta. Me encanta-dije sonriendo.
- Esa parte cuadra mas con tu estilo.- me dijo Juvia desde
su cama.- pero…- dijo Juvia mientras se sentaba en el borde de la cama-¿esta
parte de quien es?
Entre nuestras camas, había otra cama en medio. Pero el color
característico de esta era el morado. La parte de la pared que la tocaba tenía
símbolos que no sabia lo que eran, pero estaban chulos. El cabecero de la cama
tenía cruzadas dos fundas de katana. La colcha de la cama tenía tres colores,
el morado que cubría la mayor parte y el negro y el blanco que hacían líneas
entorno a los pies de la cama. A los
pies de la cama tenía el mismo arcón que teníamos todas.
-¿Tienes idea de si viene alguien más?- la dije.
-pues no tengo ni idea, es posible, puede que aun esté de
vacaciones.- me respondió mientras se tiraba de nuevo sobre la cama.
-Es genial, no se quien nos
la habrá dado, pero hay que darle las gracias.
-Estoy contigo.
La habitación no era muy grande, apenas estábamos a unos
cinco pasos una cama de otra. Las ventanas que había estaban sobre las camas de
Juvia y mía, eran bastante grandes y hacían que la habitación pareciese más
grande de lo que era.
-Podría quedarme aquí para siempre.
-Lo mismo digo. Pero, creo que deberíamos deshacer el
equipaje ¿no?
-Creo que tienes razón, por que si mañana empiezan las
clases no nos va ha dar tiempo.- me levanté de la cama y puse la maleta encima
de ella. La abrí.
-Espero que haya perchas- me dirigí al armario para
comprobarlo.
Los armarios estaban empotrados en la pared que había al
lado de la cama de Juvia. Y, al igual que las camas, cada uno de ellos tenia un
detalle, y se notaba de quien era cada uno. Del de Juvia era de color blanco
con detalles en negro y en azul, detalles como las bisagras o el picaporte de
este además de tener notas musicales en las puertas. Y en el suelo una alfombra
azul con el reborde en blanco que resaltaba sobre el suelo de madera oscura. En
el medio estaba el de la chica que no había venido aún, con detalles en morado
y negro como los mismos símbolos que había en la pared. Y el mío estaba al otro
lado de este también blanco con los detalles en rosa y negro y con guitarras en
las puertas, y alguna que otra rosa.
Abrí mi armario observando cada detalle con detenimiento.
Al abrirlo, vi, que dentro de este ya había ropa dentro, había dos o tres
faldas, tres camisas, un jersey… cogí una de las faldas y la observé. Era una
falda escocesa naranja, tenia líneas anchas verticales y horizontales, las
cuales al cruzarse formaban un cuadrado con un tono mas fuerte, de color azul
marino. Me puse la falda por encima solo para ver como quedaba. Me llegaba por
la mitad del muslo, me puse delante del espejo que había dentro del armario, en
una de las puertas. Miré la falda con cierto horror. Miré dentro, cogí el
jersey que había y también me lo puse por encima, aún con la falda puesta. El
jersey tenía el mismo color que los cuadrados de la falda. Dejé las cosas en la cama y cogí la chaqueta
que había y una de las camisas blancas colgadas, las cuales tenían atados al
cuello de este un lazo rojo con líneas de color azul marino bordeadas con otras
dos de color blanco. Pero el colmo se lo
llevó la chaqueta. “¿quien en su sano juicio llevaría algo como esto?” fue lo
primero y único que pesé cuando la vi. Era una chaqueta de traje, como el de
los esmoquin, con el cuello muy abierto, de color azul, algo distinto al del
jersey o el de la falta, era un color mas claro, pero mezclado con el verde y
como detalle, que no le faltaba a nada, tenia una sucesión de líneas amarillas,
dos de ellas juntas y separadas por un palmo otras dos, y así sucesivamente. Me
giré a Juvia para decirle lo que había encontrado, si es que ella no lo había
visto aún, y para que me diera su opinión. Pero cuando me giré ella estaba en
la misma postura que yo antes, sujetando la falda y en este caso la chaqueta.
-Pero…
-Lo mismo digo- ninguna de las dos sabia que decir ante
esas prendas que nos habían colocado.- ¿realmente tenemos que llevar puesto
esto? Es horrible.
-Pienso lo mismo, pero, ¿a que no has visto lo mejor?-pude
notar su tono de ironía mientras se agachaba a coger algo de dentro de su
armario, dejó las cosas colgadas y después cogió lo que fuera que quería
enseñarme.-Mira- con una de las manos sujetaba unas medias del mismo color que
el jersey, de color azul marino, y con la otra…
-No puede ser- con la otra mano sujetaba unos zapatos con
un poco de tacón de color rojo charol.- creo,- me agaché a coger los que
estaban en mi armario- que con esto ya podemos bailar charlestón. Jeje.-las dos
acabamos riéndonos por la ropa que teníamos que llevar al día siguiente.
-Espero que a Sherry le quede peor que a nosotras.- dije.
-Eso mismo espero yo. Con ese pelo Brócoli seguro que si.
Seguimos deshaciendo las maletas, guardando nuestra ropa en
el armario y rezando por que nos la tuviéramos que poner en alguna ocasión. Fui
dejando los libros de música en el escritorio. Los escritorios estaban pegados
a la pared contraria a la de los armarios, cerca de mi cama. En este caso eran
todos iguales sin distinción los uno de
los otros, así que guardé las cosas en el que estaba más cerca de mi cama y
seguí con las demás cosas. Algunas cosas mías, como un peluche que me dio mi
abuela cuando era pequeña y alguna que
otra foto de mis primos y yo, las dejé en la estantería que había encima de la
cama. Dejé el pijama sobre la cama para ponérmelo después ya que esa noche ya
dormiríamos allí. Una vez que hube terminado de desempaquetar mis cosas guardé
la maleta debajo de la cama para que no molestara durante la estancia que
estaría allí aunque fuera solo por un año. Me senté en la cama y vi que Juvia seguía
guardando sus cosas, mientras estaba subida en la cama de rodillas.
-¿Tienes hambre? Creo que en la planta de abajo hay una cafetería
voy a ver si puedo coger algo.
-Si, vale, gracias- me dijo con una sonrisa mientras
colgaba un póster en su trozo de pared. Reconocí el póster cuando lo vi. Ese
chico, era inconfundible para cualquiera que supiera algo de música.